La alternancia

Solo en una democracia puede ser derrotado un partido que se encuentra en el gobierno. Por eso se dice que la alternancia es la prueba de fuego de la democracia. Si esto es cierto, México tiene democracia desde 1997, la primera vez que el entonces partido dominante, el PRI, perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Desde entonces, bajo el mando de un árbitro electoral independiente, más de la mitad de las elecciones en los distintos órdenes de gobierno han sido ganadas por candidatos de oposición. 

Tenemos, es cierto, una ley electoral con muchos defectos. Se le pueden y se le deben hacer muchos cambios. Pero hay que tener cuidado siempre ante los intentos por regresar al tiempo en que el gobierno controlaba a las instituciones electorales y se aseguraba así que su partido siempre resultara ganador. Recordemos, por ejemplo, los comicios de 1988, cuando una Comisión Federal Electoral presidida por el entonces secretario de gobernación rechazó de manera sistemática casi todas las impugnaciones en una elección muy cuestionada. 

Tener un árbitro independiente es un requisito importante para mantener elecciones libres y justas. Por eso hay que protegerlo ante los intentos de castigarlo por haber hecho bien su trabajo. El INE y el Tribunal Electoral han asegurado que los mexicanos vivamos, por primera vez en la historia, una real alternancia de partidos en el poder. 

Twitter: @SergioSarmiento

Dádivas y pobreza

El presidente López Obrador ha fortalecido los subsidios, que ya existían, y los ha convertido en el eje central de su programa de gobierno. Y, sin embargo, la pobreza, en lugar de disminuir, ha aumentado. 

Una de las razones es la pandemia, por supuesto. Esta golpeó duramente la economía, hizo que se desplomaran las ventas en muchas actividades y destruyó millones de empleos, tanto formales como informales. Otra razón fue la caída en la inversión que empezó antes de la pandemia. Cuando la inversión productiva baja, como ha ocurrido en México desde 2018, el resultado es una menor creación de empleos y de prosperidad para todos. 

Si algo nos demuestra la experiencia es que los programas sociales no son suficientes para rescatar a la gente de la pobreza. Para salir adelante se necesita trabajo. Solo este puede construir prosperidad y permitir realmente una puerta de salida a la pobreza. 

La caridad, como la que practica el gobierno, tiene ventajas políticas. Las personas que reciben dádivas del gobierno suelen votar por el partido en el poder. Pero por sí sola, sin embargo, la caridad no ayuda a alcanzar una mayor prosperidad. Recibir ayuda tampoco le da a la gente dignidad personal. Eduardo Galeano, un escritor uruguayo de izquierda, lo explicó así: “A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder”. 

Quizá por eso debemos pedir al gobierno menos dádivas y más trabajo. 

Una vida saludable

En las escuelas aprendemos muchas cosas, pero no necesariamente las más importantes. Los programas oficiales nos enseñan nombres de próceres y fechas de batallas, ecuaciones de álgebra y cálculos diferenciales e integrales, pero rara vez cómo alimentarse bien. 

Una dieta sana es fundamental para lograr una vida saludable. Si bien las enfermedades infecciosas fueron durante milenios las mayores asesinas de la humanidad, los problemas del metabolismo se han convertido en males mucho más peligrosos. 

Es desaconsejable tener dietas drásticas para bajar de peso. Muchas veces desarrolladas por personas sin ninguna preparación en el campo de la nutrición, suelen generar problemas de salud. Lo que realmente ayuda es mantener una dieta equilibrada y comer pequeñas cantidades de alimento, pero cinco veces al día. Estas sencillas enseñanzas se encuentran, sin embargo, ausentes de nuestras escuelas. 

Nadie cuestiona que alguien coma garnachas de vez en cuando, pero sabemos que una dieta cotidiana con productos con exceso de grasas generará un inevitable sobrepeso que puede degenerar en obesidad y diabetes. El gobierno trata de subsanar la falta de conocimiento con lemas en los medios de comunicación, que nos dicen, por ejemplo, “Come frutas y verduras”, pero sin un contexto adecuado se convierten en lemas vacíos que se pierden en el aire. 

Más que ordenar al público que coma frutas y verduras, debemos enseñar a niños y jóvenes la importancia de una dieta equilibrada con frutas y verduras… y muchas y variadas cosas más.

Comer bien

Hay dos razones para comer bien. Una es verse mejor; la otra, vivir mejor y con mayor salud. 

Mucha gente, sobre todo los jóvenes, quieren verse mejor. Ser atractivo es importante, por supuesto: las personas agraciadas no solamente atraen la atención, sino que logran una mayor confianza en sí mismas. En la adolescencia y la juventud ser admirado por la belleza física puede ser crucial para atraer una pareja y alcanzar una vida familiar feliz. 

En todos los rangos de edad, sin embargo, sentirse bien físicamente es importante y a esto ayuda mucho saber comer bien. Quizá el elemento más relevante bajo control del individuo para mantenerse sano es una buena dieta. Mucha gente lo sabe, pero lo olvida en el momento de comer. 

Es fácil llegar a obsesiones. Hay quien piensa que debe dejar de comer completamente pan, tortillas, pastas o postres. Una dieta equilibrada, sin embargo, tiene un poco de todo, pero sin excesos. Implica comer pequeñas cantidades de alimento cinco veces al día, sin llevar nunca al cuerpo a sentirse a punto de reventar. 

La fisiología humana, desarrollada en cientos de miles de años de evolución en que el hambre era la norma, tiende a hacernos comer aun cuando ya estemos satisfechos. Por eso hay que aprender a limitar la ingesta. Si no, el cuerpo nos hará seguir comiendo hasta el punto en que, en lugar de un beneficio, los alimentos nos dejen una secuela de sobrepeso y de posibles enfermedades.

Ser mejores

La pandemia nos ha dejado muchas lecciones. Las primeras tienen que ver con la fragilidad humana, porque la enfermedad ha dejado un saldo mortal enorme en México y en el mundo, y con las reglas de higiene que nos mantienen saludables, pero que a veces se olvidan. También estas lecciones nos enseñan la importancia de vivir bien y con felicidad, porque nunca sabemos cuándo una circunstancia inesperada nos arrebatará la existencia. 

Toda tragedia nos enseña a ser mejores. El Covid-19 nos ha hecho más conscientes, pero hoy nos obliga también a ser más productivos. El desplome económico de 2020 nos afectó a todos, no solo a los mexicanos; pero hoy muchos buscamos mejores opciones para trabajar, para emprender y para construirnos una mejor vida. 

La naturaleza del ser humano es dejar atrás las tragedias una vez que terminan y volver la vista al frente. Debemos entender todavía el origen del coronavirus y aprender de los errores que cometimos al enfrentarlo. De igual forma, podemos aplaudir el hecho de que en un tiempo muy breve se generaron vacunas contra la enfermedad y pudimos aplicarlas en todo el mundo. 

Una de las consecuencias de la pandemia es que muchos tuvimos que trabajar a distancia y aprendimos a hacerlo. No todos los empleos se pueden realizar de manera remota, pero para muchos el encierro fue un curso intensivo en el uso de la tecnología. Ahora esas habilidades nos permitirán ser más competitivos. Eso es aprender de la adversidad. 

Un trato justo

La pandemia empieza a quedar atrás, aun cuando sus estragos siguen estando presentes. En este 2021 hemos presenciado un repunte importante en la actividad económica del país, en buena medida por un rebote tras la profunda caída de la actividad económica el año anterior. Y no debe sorprender. En el momento en que se permite a los negocios abrir sus puertas, la gente se apresura a recuperar el terreno perdido durante los cierres forzados. 

La gran pregunta es qué tanto podrá continuar esta recuperación. Nos ayuda, por supuesto, el impulso que los consumidores estadounidenses han dado a nuestras exportaciones. Las remesas de los mexicanos en la Unión Americana han sido también muy importantes; hoy son más del doble que las exportaciones petroleras. 

La única manera de tener un crecimiento económico duradero, sin embargo, es si las empresas y personas que trabajan en México siguen creyendo e invirtiendo en nuestro país. En los últimos años el nivel de inversiones ha sido escaso. Ésta es la razón por la cual la economía no ha crecido y no ha generado los empleos que necesitamos. Ya con la pandemia atrás, el gobierno debería estar buscando no cómo subir los impuestos a las empresas sino cómo convencerlas de que aquí se dará un trato justo a sus inversiones. 

Regreso a clases

Todo regreso a clases es una experiencia especial. Lo es para el infante que por primera vez acude a la escuela, pero también para el niño o joven que añora reunirse con sus amigos después de unas vacaciones. 

Ningún regreso a clases, sin embargo, es como el de este 2021. La mayoría de los niños y jóvenes han estado aislados desde cuando menos marzo del 2020. El acercamiento de hoy puede ser, por lo tanto, más intenso y emocional. 

La educación a distancia a la que obligó la pandemia tiene indudables virtudes, pero también defectos. La idea de que es una manera fácil de estudiar es falsa o al menos exagerada. Estudiar a distancia puede ser mejor para estudiantes muy motivados, que aprovechen cada momento de instrucción y se beneficien de la flexibilidad en los tiempos, pero en muchos casos es peor porque los alumnos no se sienten motivados y tienen una menor retroalimentación de los maestros. Quizá el peor problema de la educación a distancia, sin embargo, es la falta de socialización con los compañeros, la cual ha demostrado ser una de las grandes fortalezas de la escuela tradicional. 

Esa socialización se puede dar nuevamente a partir de este regreso a clases. Sus consecuencias para el bienestar educativo y afectivo de millones de niños pueden ser muy positivas. Quizá por eso se espera con tanta ansia el regreso a clases.

Abrir las escuelas

México es uno de los países del mundo que más tiempo ha mantenido las escuelas cerradas durante la pandemia. En parte por precaución, pero también por la presión de los sindicatos de maestros, las escuelas se cerraron desde marzo de 2020 y no han abierto más que en unos cuantos casos. 

Robert Jenkins, jefe global de educación de la UNICEF, ha señalado: “Lo que hemos aprendido de la escuela en estos tiempos de covid es claro: los beneficios de mantener las escuelas abiertas son mucho mayores que los costos de cerrarlas”. 

Cerrar las escuelas no ayudó en la lucha contra el Covid, pero sí desmanteló un sistema de apoyo, alimentación, seguridad y, por supuesto, aprendizaje. Las estadísticas demuestran que los países que cerraron sus escuelas no detuvieron el avance de la enfermedad. 

México ha empezado a abrir algunas escuelas públicas en un plan piloto que comenzó en las zonas marginadas de Campeche. Es positivo, pero no podemos cerrar los ojos al hecho de que el cierre de las escuelas no ha tenido ningún impacto en los esfuerzos por detener la pandemia y sí ha provocado, en cambio, un daño profundo a millones de niños en el país. 

Los políticos mexicanos nos han dicho que aplicaron un criterio de precaución para cerrar las escuelas, pero más bien parece que decidieron sacrificar el bienestar de los niños a cambio de que no se les criticara. Los especialistas de la Organización Mundial de la Salud, la UNICEF y la UNESCO tienen otro criterio. Nos dicen que se hace más daño cerrando las escuelas que manteniéndolas abiertas en tiempos de pandemia.