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Contra viento y marea, creer en uno mismo y en el otro nos fortalecerá siempre

“Confía en mí” es una frase que seguro muchos hemos escuchado o dicho a lo largo de nuestras vidas, pero en realidad ¿de qué se trata?, ¿de qué estamos hablando?

Confianza se define como la esperanza firme que se tiene de alguien o algo.

Nuestro primer círculo de confianza es la familia. Confiamos con los ojos cerrados, instintivamente. Como alguna vez escribió el autor estadounidense Ernest Hemingway: la mejor forma de averiguar si puedes confiar en alguien es confiar en él, y así lo hicimos desde el momento de nacer y no le dimos tantas vueltas al concepto, el valor se fue construyendo poco a poco, y con esto coinciden varios psicólogos y sociólogos.

En la juventud y adultez aprendemos a confiar en otras áreas: entre amigos, con una pareja, en el banco donde guardamos nuestro dinero. También nos ganamos la confianza de los otros, incluso para acceder a créditos o préstamos, y hasta para rentar una casa, nuestra confiabilidad es un factor clave. 

“Dar crédito significa, en definitiva, dar y recibir confianza”, señala el italiano Ugo Biggeri, especialista en finanzas éticas, en su libro “El valor del dinero”.

La vuelta de tuerca viene al enfrentarnos a su antagonista: la desconfianza, cuando las cosas no suceden como previmos, sin pensar que este valor humano siempre llevará una cuota de riesgo o vulnerabilidad.

Según un estudio publicado por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, especializada en psicología, en conjunto con la Universidad de Concepción, Chile: “confiar en alguien o algo es una apuesta hecha en el presente, hacia el futuro y fundamentada en el pasado, y con el paso de la vida es la base de todas las relaciones personales, laborales, emocionales y hasta comerciales que construimos”.

En tiempo de crisis y pandemia “confiar” toma otra importancia, sea en uno mismo, en los otros o en las instituciones. Es un valor vivo que junto a la solidaridad, el amor, la tolerancia o la bondad forman parte de la fórmula humana para afrontar día a día el mundo que nos rodea.

Históricamente las sociedades, empresa o familias que tienen mejor cimentado este valor enfrentan de manera más positiva cualquier obstáculo, y es la vía “para mantener buenas y constructivas relaciones familiares, indispensables para el desarrollo equilibrado y emocionalmente seguro de niños, niñas y jóvenes”, agrega este estudio.

Pensar que el mundo no es confiable o que la confianza es un valor olvidado no nos ayuda a avanzar como sociedad, y menos individualmente. Confiar es una guía para vivir, así que por más oscuro que se vea el camino, no perdamos ese faro.

Editorial Coppel

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