Cuando en casa también hay riesgo

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Quedarse en casa es una de las principales medidas para prevenir el contagio del Coronavirus, la epidemia que ha paralizado al mundo.

Pero este mandato, si bien nos protege del COVID-19, trae otras problemáticas a nivel personal y familiar, ya que permanecer en un mismo espacio con la familia puede generar desde pequeños conflictos hasta violencia doméstica, en el peor de los casos.

Situaciones tan simples como quién va a hacer el aseo, cocinar o usar el área de estudio o de televisión, hasta temas más complejos como la preocupación por la salud, el dinero o conservar el empleo, pueden generar emociones negativas y detonar episodios violentos.

Para Gabriela Pérez, especialista en familia y educación, lo primero que hay que comprender es que entre más cercanas y constantes sean las relaciones -justo lo que se se está dando por el confinamiento- se van a generar conflictos, pero hay que buscar primero resolverlos y llegar a acuerdos.

“No podemos tener todo perfecto ahorita, tenemos que tener cierto nivel de caos. Requerimos poder sobrellevarlo para llegar a la convivencia”, explica.

“Y lo que debe prevalecer son los vínculos porque los enojos, la violencia, lo que hace es cortar los vínculos: las personas se dejan de hablar, comienzan a sufrir, a tener miedo. Entonces, gestándose ese tipo de violencias, van a empezar a salir los que subyacen como temas no resueltos, emociones no expresadas, ofensas que ya traían”.

La empatía debe prevalecer
La facilitadora de las Escuelas del Perdón y Reconciliación explica que cuando una una persona es colérica o iracunda, su capacidad de frustración es menor y tiene poca tolerancia.

“Si mi forma y personalidad es así, necesita darse cuenta de que ‘explota’ muy rápido, pero sobre todo visualizar que se va a enojar por cosas que son injustas para otros. Tenemos que tener un grado más alto de empatía, ponerse en los zapatos del otro, sentir y pensar como lo haría el otro”.

Por otro lado, agrega, también debe haber empatía y compasión hacia quien experimenta emociones negativas, que no son placenteras.

“Saber que no me tengo que enganchar si el otro está enojado. Hay que permirle que esté enojado, que se salga a enojarse o dejarlo un rato”, indica.

“La compasión es dar un paso atrás para comprender lo que le sucede al otro, no lo voy a justificar, lo voy a comprender. En un momento, el mismo día o al siguiente, voy a abordarlo y decirle que esas reacciones nos preocupan a todos, nos hacen daño a todos y hacen difícil la convivencia”.

Pérez sugiere que en un momento en el que ya no haya ira o enojo, la pareja o la familia debe hacer una convocatoria para dialogar y a expresar lo que cada uno siente y necesita.

“Hacer una pequeña ronda de cómo me siento yo, sin culpas ni acusaciones, simplemente expresar cómo se siente”, explica.

“Eso nos puede ayudar a comprender que el papá tiene estrés por el trabajo, que la mamá está cansada por la carga, que el hijo no puede recibir sus clases, que no puede ver a sus amigos. Y luego hacer los acuerdos, para ver cómo esto puede fluir mejor”.

Violencia que se agudiza
Hay hogares en donde ya había violencia y ésta ha escalado durante el confinamiento. Estos casos son más delicados, pues a veces quienes lo viven, en su mayoría mujeres, no tienen oportunidad ni herramientas para dialogar e intentar llegar a acuerdos.

En la Ciudad de México, por ejemplo, tan sólo en marzo y abril, meses caracterizados por el confinamiento domiciliario ante la pandemia del nuevo Coronavirus, el número de llamadas al Consejo Ciudadano de Seguridad por violencia familiar se cuadruplicó.

Permanecer en el mismo lugar con el agresor ya es una alerta. A esto se suma el riesgo de estar conviviendo con él más tiempo, sin redes de apoyo ni espacio para desahogo o contención.

“El simple de hecho de tener a la persona que te agrede cerca de ti, más tiempo del que antes estabas, convivir más, ya es un síntoma de alerta”, advierten en Fundación Origen.

“Tan solo el nivel de angustia que se tiene por estar pensando que al otro no se le detone el enojo, eso ya es violencia”.

Esta problemática, que comenzó a observarse en distintos países a medida que de que avanzaba el tiempo de confinamiento, llevó a las Naciones Unidas a hacer un llamado urgente para combatir la violencia doméstica en todo el mundo.

“La paz no es sólo la ausencia de guerra. Muchas mujeres que están en casa por el COVID-19 enfrentan violencia donde deberían de estar más seguras: en sus propias casas”, publicó en Twitter el Secretario General de la ONU, António Guterres, el 5 de abril.

Cualquier situación en la que haya violencia, por mínima que sea, aunque ya se haya sufrido antes, tiene que ser motivo para pedir ayuda. Esto incluye a los diferentes tipos de violencia: psicólogica, física, sexual, patrimonial, económica y feminicida.

Si tú o alguien que conoce la sufre, no dudes en pedir ayuda. En Fundación Origen cuentan con la Línea de Ayuda Origen, que brinda atención psicológica y orientación legal y médica confidencial a nivel nacional. Cualquier persona, mayor de 14 años puede llamar o escribir de lunes a domingo de 8:00 a.m. a 10:00 p.m.

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Línea de Ayuda Origen
Teléfono: 800-015-1617
Whatsapp: 55-3234-8244
Correo: lineadeayudaorigen@origenac.org
Para contactarse vía chat, es necesario entrar a la página y dar clic en el enlace
www.origenac.org/Ayuda

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