Editorial

Generosidad o egoísmo

por Sergio Sarmiento

La generosidad es ciertamente loable, pero hay un egoísmo que al final termina ayudando a quienes menos tienen.


Los seres humanos somos por naturaleza generosos, pero también egoístas. Cuando una tragedia afecta a nuestros vecinos, salimos a ayudarlos. Cada vez que hay un sismo, los mexicanos no lo pensamos y salimos a ayudar a los damnificados de manera espontánea y generosa. 

También tenemos una parte egoísta que nos impulsa a tener un mejor desempeño económico, a esforzarnos por vencer a nuestros competidores, a proteger primero a nuestra familia. 

Hay quien piensa que la generosidad es clave para acabar con la pobreza, pero la experiencia nos dice otra cosa. Cuando ayudamos, aliviamos por un tiempo los problemas de los demás, y nosotros nos sentimos mejor, pero esto no rescata a nadie de la pobreza. Esto lo saben quienes administran los programas de ayuda a los más pobres. La caridad es un paliativo, el trabajo es la solución. 

La única forma de acabar con la pobreza es construir prosperidad. Esto no se logra con caridad o despojando a los ricos de su patrimonio para repartirlo entre los pobres. Solo la inversión, el trabajo productivo y la educación pueden borrar la pobreza. 

Hay que aplaudir a los seres generosos que reparten recursos a los necesitados. Pero quienes invierten su dinero y generan empleos ayudan más a rescatar a la gente de la pobreza. 

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