La reunión en vivo, ¿por qué la extrañamos?

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Aunque hoy las actividades virtuales suplen a las presenciales, para el cerebro la experiencia no es la misma

Poder tomar las clases a distancia o tener las juntas laborales desde casa ha sido una gran ventaja en este tiempo de confinamiento, algo que en otra época hubiera sido impensable.
Pero aunque la tecnología hoy nos “acerca” nunca suplirá a la presencia física, a los abrazos o al vernos a los ojos. Pues más que un deseo es una necesidad biológica del ser humano para funcionar correctamente.
Maira Germán, coordinadora de Educación Continua para Estrella Guía, quien cuenta con certificación en disciplina positiva, comenta que la cercanía física crea conexiones cerebrales importantes en el ser humano. Se trata de la parte biopsicosocial, que es la necesidad de relacionarse con otros.
A través de nuestros sentidos se crean conexiones cerebrales, y es entonces que se manifiestan las emociones.
“En el cerebro hay una neurona espejo que forma parte del mecanismo social y que permite hacer conciencia de sí mismo y de los demás. Al momento en que me relaciono con otra persona esa hormona actúa y me permite entenderla, empatizar con el otro, qué siente, lo que me está transmitiendo o si va cargado con alguna emoción”, señala la especialista.
¿Cómo va afectando a las personas el distanciamiento físico al paso de los días?

En el trabajo
La comunicación es una de las principales herramientas que se necesitan para un ambiente laboral favorable.
A través de los dispositivos electrónicos y con todas facilidades tecnológicas a las que se tiene acceso actualmente, se puede lograr una comunicación efectiva. Sin embargo, con el paso del tiempo, la reunión presencial se vuelve necesaria, pues sin ella se va perdiendo la empatía y la eficacia del trabajo en equipo.
“Las reuniones presenciales permiten una integración más eficaz del trabajo en equipo porque se activa la parte empática que te hace entrar en el mundo del otro. Se activa también la inteligencia emocional, logras autorregularte y manejar el entorno en el que estás”, señala la experta.
La recomendación es que, mientras se siga trabajando a distancia, los involucrados prendan siempre sus pantallas. Al ver el rostro del otro, la hormona espejo logra actuar y se estimula la empatía. Vale la pena también interesarse por lo que están pasando los demás y preguntarles al respecto.

En la escuela
“Sin emoción no hay aprendizaje”… a través de una pantalla se puede dar el contenido y cubrir el plan de estudios para niños y jóvenes en edad escolar, pero falta otra parte muy importante para que lo impartido realmente se aprenda: las emociones.
“Cuando vemos expresiones vamos relacionando en el inconsciente aspectos internos y emocionales, nos interesamos en el tema con el compañero, por una experiencia propia o ajena. Por eso es importante que el maestro involucre la parte de las emociones, preguntar cómo estás da un elemento valioso para la enseñanza”, agrega Germán.
El rol de los papás aquí es muy importante. Se recomienda tener una cercanía más profunda emocionalmente, sea cual sea la edad de los hijos, acercarse y sentarse con ellos, escuchar cómo se sienten, verlos a la cara y abrazarlos. Que sientan que son amados y entendidos va generando un bienestar y ayuda a aminorar el impacto emocional del confinamiento.

Con la familia
Para quienes están en una misma casa es importante crear espacios de convivencia, como una tarde de juegos de mesa o hablar sobre las experiencias pasadas o de la infancia.
“Al recordar eventos positivos o momentos donde fuimos muy felices se conecta con la parte humana y se genera alegría y bienestar”, explica la especialista en disciplina positiva.
Con los más pequeños se pueden crear juegos de rol, por ejemplo, donde el papá o la mamá sea el alumno y el niño el maestro o entrenador de futbol, para captar mejor lo que le está afectando la nueva rutina. También puede establecerse un espacio de reflexión en casa e invitar a los niños a que lo visiten cuando se sientan tristes o molestos.
“Nunca hay que negarles las emociones, hay que validarlas para que sepa expresarlas adecuada y afectivamente a lo largo de toda su vida”, menciona Germán.
Frases como “puedo imaginar lo que sientes”, “te entiendo” y “te escucho” deben ser parte del lenguaje de cada día en todos los contextos.
Y cuando vuelva la actividad presencial: trabajos, clases regulares, reuniones, festejos, será más fácil reconectar con las personas, pues el encierro nos ha enseñado a valorar más la oportunidad de convivir frente a frente.

Editorial Coppel

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