Editorial

Peluches: la historia de esos fieles compañeros

por Editorial Coppel

Los monitos de peluche son ligeros y portátiles, pero tienen un gran poder emocional, pues quien ha logrado hacer vínculo con uno de ellos sabrá que este tipo de lazo puede durar toda la vida.


Son el juguete más comprado en el mundo y no han pasado de moda a pesar del enorme avance de la tecnología. Es increíble, sin necesitar baterías, la buena energía que los peluches pueden transmitir a niños y a adultos.

Su historia está dividida en dos partes, la europea y la estadounidense. 

Todo inició en Alemania por ahí del año de 1880, cuando una costurera llamada Margarete Steiff creó un elefante de felpa para que las costureras de aquellos años pudieran colocar en él los alfileres que necesitan para ejercer su oficio.

Pero Margarete se dio cuenta de que eran los niños quienes más usaban al elefante para jugar, por lo que años después montó una pequeña fábrica en la que realizó modelos con otros animalitos como perros, osos, gatos y conejos.

La fábrica se convirtió en el “imperio del peluche”: la compañía Steiff GmBH, que para 1902 producía monos de peluche en serie para casi toda Europa.

La fiebre de los ositos de peluche llegó a Estados Unidos en 1903, cuando el Presidente en ese entonces, Theodore Roosevelt, estaba en el ojo de los medios de comunicación por haberse negado a dispararle a un oso mientras cazaba en el estado de Mississippi.

Aprovechando la anécdota, un comprador mandó pedir 3 mil piezas de un osito de peluche al que socialmente se le dio el nombre de “Teddy”, referencia al nombre del Presidente. 

El juguete, que aún conserva el tierno apodo, multiplicó tanto su popularidad en el mercado que otras empresas como la Ideal Toy Company comenzaron a mejorar los diseños y exportarlos a todo el mundo.

Hoy en día es fácil suponer que en cualquier casa hay un mono de peluche cuyo lazo afectivo está lleno de buenas anécdotas y beneficia a varias generaciones de la familia.

EFECTO TERAPÉUTICO
Ya sean osos, conejos, hipopótamos o elefantes, los beneficios de los peluches son muchos y aplican a todas las edades.

Por ejemplo, ayudan a que los bebés desarrollen el sentido del tacto, la creatividad e iniciarse en el conocimiento de las emociones.

“Los peluches permiten a las niñas y niños sentir confianza en sí mismos y los acompañan en esos pasos primordiales del crecimiento como dormir solos en sus cuartos; los hacen menos vulnerables durante esos procesos, se sienten protegidos”, señala Nancy Castro, psicóloga y terapeuta familiar.

Esto se debe a que las necesidades primordiales que tiene el ser humano a lo largo de su vida (no solo en la infancia) son sentirse cuidado y amado, señala la especialista.

Por eso, los muñecos de felpa siguen cubriendo estas necesidades incluso a los adultos mayores, a quienes ayudan a combatir el sentimiento de soledad.

Y tú, ¿conservas tu peluche favorito?

Cuéntanos si este contenido ha mejorado tu vida

Nota: Las opiniones expresadas aquí son del autor y no necesariamente representan las opiniones de Coppel, su personal o sus colaboradores. El contenido de este sitio web tiene como propósito solamente de proveer información sobre temas de interés general.

LO MÁS LEÍDO
  • Así puedes salir del Buró de Crédito de una forma segura
    VER ARTÍCULO
  • Buró de créditos gratis: cómo consultarlo
    VER ARTÍCULO
  • Por ti, por los tuyos, ¡no bajes la guardia!
    VER ARTÍCULO