Editorial

¿Por qué extrañamos los abrazos?

por Editorial Coppel

Feliz, triste, enojado, cansado, emocionado, estresado o ansioso. No importa nuestro estado de ánimo, un abrazo siempre será reconfortante. Ese ligero toque en el que los brazos de un ser querido nos rodean puede ser la diferencia entre la desesperanza y el “todo va a estar bien”.


Los múltiples beneficios de los abrazos han sido estudiados desde hace años hasta llegar a conformar lo que ahora se conoce como “abrazoterapia”, una estrategia que contribuye a brindar seguridad, reforzar el autoestima y alegrar el espíritu.

Está demostrado que el contacto físico contribuye al fortalecimiento del sistema inmunológico, sin embargo, la crisis de salud a causa de la pandemia de COVID-19 nos ha obligado a restringir o incluso eliminar los reconfortantes abrazos. 

De acuerdo con la psicoterapeuta María del Rosario Monroy, coordinadora general de la Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología, el contacto físico es indispensable para generar identidad en un ser humano.

“Es un medio para expresar y materializar sentimientos, que brinda compañía y seguridad”, explica la también pedagoga y maestra en Ciencias de la Educación Familiar. 

Un estudio realizado en 2018 por el Laboratorio para el Estudio del Estrés, Inmunidad y Enfermedades de la Universidad Carnegie Mellon, en Estados Unidos, demostró que las personas que reciben abrazos se ven menos afectadas por conflictos, debido a que el tacto desactiva la parte del cerebro que responde a las amenazas. 

También se ha comprobado que un abrazo al día ayuda a mantener la presión sanguínea bajo control y evita que se altere el sistema cardiovascular en situaciones de estrés.

Según otro estudio publicado en 2005 en la revista médica Biological Psychology, aquellas personas cuyas parejas los abrazaban con mayor frecuencia presentaron mejores niveles de presión sanguínea, así como mayores niveles de oxitocina, considerada la hormona del bienestar por su efecto en el estado de ánimo.

De hecho, es precisamente la liberación de oxitocina y dopamina la que convierte a los abrazos en la herramienta perfecta para lidiar con cuadros de ansiedad.

“La incertidumbre es la principal causa de la ansiedad. El no saber qué va a pasar genera inseguridad y el contacto físico ayuda a aminorar eso”, comenta Ernesto Chávez, psicoterapeuta existencial por el Colegio Iberoamericano de Estudios Existencialistas Humanísticos. 

La situación actual nos ha llevado a cambiar el afecto físico por el virtual, pero esto parece no ser suficiente, por eso es vital establecer redes de apoyo para externar miedos y preocupaciones.

En esos momentos en que necesitas un abrazo y no hay quien te lo dé, también puedes abrazarte a ti mismo y sentir ese efecto mágico. 

“Lo importante es que realices un gesto inequívoco que transmita sentimientos de amor, atención y ternura”, recomienda la psicóloga estadounidense Kristin Neff en su libro “Sé amable contigo mismo”. 

Inténtalo, quizá funcione en lo que regresan los tan añorados abrazos de tus seres queridos.

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