Editorial

¿Te alegra esa canción? Descubre el porqué

por Editorial Coppel

¿No puede quitarte de la cabeza esa canción que te alegra? Conoce los motivos de cómo nos afecta la música aquí.


Las notas musicales pueden tener rostro y gestos, tal como los “emojis” que usamos a diario para comunicarnos digitalmente. Y es que ciertos ritmos y frecuencias sonoras tienen relación directa con nuestros estados emocionales. 

“La música tiene un papel muy importante en lo sentimental, porque tiene que ver con el momento en el que la escuchaste. Cualquier género musical va a influir en nuestro devenir emocional”, explica Eluid Velázquez, productor de radio y especialista en música e identidad.

Y es que ciertos tipos de música pueden afectar nuestro estado de ánimo, generalmente para bien. Incluso, las notas pueden “sincronizarse” con nuestros latidos y hasta llegar a disminuir la percepción del dolor físico. 

“El cerebro hace comparaciones instantáneas y crea expectativas vinculadas con las experiencias, estado de ánimo y nuestros alrededores”, señala el artículo Cómo los diferentes géneros musicales afectan tu estado de ánimo, en el sitio web de la compañía musical neoyorquina Connolly. 

Más allá de nuestro gusto particular, la música tiene un efecto particular en quien la escucha. Por eso algunos ritmos tienen el poder de calmarnos, mientras que otros nos ponen de buen humor y, en casos especiales, nos llegan a emocionar hasta las lágrimas.

Para el ánimo y el desahogo 

En el estudio Trying to be happier really can work: two experimental studies (Tratar de ser feliz realmente puede funcionar: dos estudios experimentales), científicos de la Universidad de Missouri revelaron cómo algunos ritmos pueden impactar nuestra forma de sentirnos. 

La música rock, punk o cualquiera con ritmo acelerado y vigoroso pueden mejorar el estado de  ánimo, afirma la investigación publicada en el Diario de Psicología Positiva de esta institución.

Pero, contrario a lo que pudiera pensarse, la música “triste” o “depresiva” no produce efectos negativos, sino que permite a quienes la escuchan hacer una “catarsis” emocional o desahogo, que a la larga beneficia al estado de ánimo. 

“Se ha culpado, a través de la historia, a ciertas bandas musicales o canciones, de inducir depresión o suicidio en gente que las escuchaba, pero no pueden ser responsables de tragedias o masacres por escuchar música ‘violenta’. La música es un signo que se interpreta de acuerdo al contexto”, afirma Velázquez.

“Incluso, la música triste o reflexiva sirve como catarsis, para desahogar las emociones negativas que nos aquejan”.

Sincronía con el cuerpo

A nivel biológico, la música entra al sistema nervioso y se traduce en ondas cerebrales, que se sincronizan con nuestros cuerpos y latidos del corazón, según una investigación de Nina Kraus, profesora de neurobiología en la Universidad de Northwestern, en Illinois.

A la música con una estructura balanceada, como la clásica, se le relaciona con el bienestar fisiológico, ya que sus compases permiten la sincronía con los latidos del corazón. 

“Mozart es el músico más prolífico de la historia, y se le han adjudicado a su música propiedades tranquilizantes e incluso se ha recomendado para desarrollar la inteligencia, sobre todo porque su compás se sincroniza con el ritmo cardiaco”, destaca Velázquez. 

Sin embargo, esto no quiere decir que sea un factor determinante en el desarrollo de la inteligencia, la realidad es que por sí sola la música no mejora o empeora el aprendizaje.

Poder terapéutico

Hay canciones específicas con ritmos y letras positivas, como We are the champions, de Queen, que ya es un himno en campeonatos deportivos y desde sus primeras notas revela un momento de júbilo. 

También se ha demostrado a través de estudios que ciertos ritmos ayudan a reducir el dolor físico y facilitan la recuperación y rehabilitación de quienes han tenido, por ejemplo, lesiones cerebrales. 

Lo cierto es que el poder de la música es una combinación entre sus características propias y las de quien la escucha.

“Aunque la música no es por sí sola responsable absoluta de emociones positivas o negativas, el que te muevas, que rías, que bailes, que te deprimas, que te emociones, es producto de una simbiosis entre el sonido y el momento”, concluye Velázquez. 

La próxima vez que sientas que una canción te pone de buenas automáticamente, recuerda que además de tu gusto musical, hay un motivo científico detrás de ese efecto.

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